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Colaboraciones
LDA. Mª FERNANDA SANTARRONE

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Sobre el proyecto educativo neoconservador

Resumen

El objeto del artículo que sigue a continuación es poner en evidencia ciertas características, peculiaridades e intenciones del modelo educativo neoconservador que está afectando, cada vez más fuertemente, la vida educativa en general y universitaria en particular de nuestro país.

También es intención de estas reflexiones mencionar o reseñar (al menos al paso, debido a la extensión máxima que debe tener el artículo por respeto a las formas establecidas por la revista) ciertas convergencias y continuaciones entre el proyecto neoconservador y el proyecto autoritario que padecimos en carne propia los argentinos desde mediados de la década del ’70 hasta entrados los ’80, convergencia y continuidad que da cuenta de una "reproducción involutiva del sistema" de la educación argentina. Para ello debemos tener presente en todo momento que las transformaciones en el ámbito educativo no son ajenas a la dinámica y a la pretensión tecnocrática-conservadora de reestructurar el funcionamiento de la sociedad de acuerdo a las necesidades de acumulación del capital en la actualidad, necesidades que vienen manifestándose desde mediados de los ’70 a través de la globalización del nuevo mercado que caracteriza al capitalismo tardío.

El nuevo proyecto educativo hegemónico, enraizado en la tradición normalista y con fuertes tintes cristianos-personalistas, es uno de los medios por excelencia –tal como lo fue durante el último proceso militar argentino- que posibilita un reordenamiento simbólico determinado, reordenamiento en el que los únicos sectores que tendrán acceso a la supuesta "calidad" y "equidad" que se proclama son aquellos que estén integrados al proyecto hegemónico.

Buscando la monopolización y la especialización, el modelo educativo neoconservador tiene así por meta reducir al máximo la circulación de los saberes significativos. Y, obviamente, ésta es una operación política, operación cuyos blancos principales atienden al deterioro de aquellas instituciones que en épocas pasadas construían identidades colectivas y no sólo individuales, instituciones que ponían en práctica la autonomía, la libertad, la igualdad y la democracia, no la tecnocracia, el individualismo exacerbado, la primacía de lo económico y la jibarización de la política como actividad lúcida y reflexiva, humana per se. Por lo tanto se tratará de dejar en claro a lo largo de este breve ensayo cuáles son los rasgos y el rostro del sujeto pedagógico que el proyecto neoconservador pretende delinear e implementar: un sujeto interpelado desde un discurso alienante, fetichizador, mítico y patológicamente enmarcado en los límites del campo de la economía, por ende un sujeto vaciado de conciencia histórica, carente de herramientas para reflexionar, criticar, cambiar lo vigente; se trata de un sujeto que ha olvidado –como señalaba Marx- que las circunstancias hacen al hombre del mismo modo que el hombre hace a las circunstancias. De ahí la importancia de reflexionar sobre este nuevo e inminente proyecto que está tocando las puertas de la educación en general y universitaria en particular.


A modo de introducción

Poder dar cuenta de las tendencias ideológico-pedagógicas que caracterizan a este momento histórico particular por el que atraviesa la educación, especialmente en la Argentina, como pretende efectuarse a lo largo del pequeño ensayo que sigue a continuación, supone de antemano tener presente una serie de limitaciones, entre las cuales la más importante se vincula con los tiempos de la reflexión. Pues, la función intelectual se ejerce o bien con adelanto o bien con retraso, pero nunca o, excepcionalmente, rara vez sobre la marcha de los acontecimientos que están teniendo lugar. Esto no remite a pensar en una falta de compromiso o de deber para con los hechos que se analizan sino que está en relación con la necesidad de no aventurarse a sacar conclusiones que pueden ser erróneas y que impedirían la compresión, el entendimiento y la participación en el propio tiempo. Pero a pesar de ello, y corriendo el riesgo de tal desventura ya que como sostiene Umberto Eco "…el ejercicio de la reflexión no exime de la asunción de responsabilidades individuales" , en estas páginas se intentará bosquejar un panorama general de la situación educativa argentina y mostrar no pocas conexiones entre los fines educativos que caracterizaron el triste y patético período de la historia nacional que se extendió del 76 al 82 y los fines, objetivos o metas que pueden vislumbrarse, en este campo, en el período que va del 89 al 94 pero que sin dudas continua vigente en la actualidad. No obstante respetando el "corte" no aberrante del período (recordemos que abarca la primera presidencia de Carlos Menem), más allá de la vigencia actual de las tendencias ideológico/pedagógicas que se delinean a partir de fines del 89, se pretende que este ensayo se mueva permanentemente en el ir y venir de la dialéctica hegeliana. Se tratará de pensar y reflexionar sobre las múltiples relaciones y sobredeterminaciones de estas tendencias y sus repercusiones, ante todo, a nivel educativo, cultural, político y económico.

El neoconservadurismo, la posición subsidiaria que ha decidido, no aleatoriamente, adoptar el Estado, la descentralización o federalización de la educación media y la desregulación de la educación, hechos que describen lo que está sucediendo en la actualidad, son sólo algunos de los muchos factores que ponen de manifiesto la quiebra del sistema educativo argentino, quiebra en la que se materializan no sólo la pobreza educativa sino también la social; quiebra que se relaciona con la primacía del campo económico sobre el social y el cultural. Pero de ninguna manera esta crisis responde a un corte abrupto sino que es la resultante de un proceso puesto en marcha desde mediados de la década del ’70 a través de la adopción de medidas apreciables a mediano y largo plazo, medidas que lograron alterar estructuralmente el sistema educativo –así como el funcionamiento de la sociedad política y civil- llegando a desgastar y desmoronar a las instituciones y prácticas pedagógicas en un contexto en el que el silencio fue una de las formas más exacerbadas de la complicidad.

Hoy, en medio del desorden neoliberal, las sucesivas crisis de legitimación por las que atraviesa el capitalismo tardío y las embestidas permanentes del mercado el ámbito educativo va perdiendo su identidad –lo que no nos debe sorprender en una sociedad en la que las identidades individuales y colectivas se constituyen cada vez más de manera errática- y su autonomía. Una vez más la economía ejerce su hegemonía sobre el campo de la pedagogía.

 

El trapecio sin red del circo educativo neoconservador. Recorrido por el laberinto del nuevo proyecto educativo.

Indudablemente, el proceso de reestructuración nacional que se puso en marcha a mediados de los 70 en nuestro país puede decirse que, hoy por hoy, ha logrado un formidable éxito y no sólo a nivel económico sino también social y político. El "nuevo poder económico" argentino finalmente se manifiesta en un grupo de empresarios nacionales y extranjeros que manejan grandes capitales, controlando una abrumante cifra de empresas del mercado local cuyas actividades son más que diversificadas. ¿Y el Estado? Bueno, el Estado –tal como lo planearon y añoraron los militares del 76- ha abandonado su antigua función intervencionista pero en cierto sentido. La ha abandonado en tanto intervenía a favor de la mayoría necesitada de la población, pero la ha retomado en tanto sus medidas tienen por objeto favorecer a unos pocos y perpetuar el orden establecido, el status quo, para que estos pocos continúen enriqueciéndose a expensas de la pobreza económica, cultural, crítica y reflexiva de la mayoría.

La jibarización del Estado, la decisión de hacer a un lado sus funciones intervencionistas, el cambio sustancial de la estructura productiva y la "reversión de la dinámica sustitutiva" son medidas que manifiestan explícitamente la correspondencia del proyecto actual con el proyecto autoritario de país bosquejado por la Junta Militar de los ‘70. El proyecto de reestructuración planificado y puesto en marcha por las Juntas Militares no sólo ha continuado a lo largo de los dos gobiernos civiles que vinieron a continuación sino que, peor aún, en este último (vigente desde el 89) se ha perfeccionado y aplicado a raja tabla. El resultado: un país cada vez más subdesarrollado, dependiente, antidemocrático, excluyente e injusto.

Y esta realidad material no puede menos que impactar en la materialidad de la conciencia. La hegemonía del "universo mercantil" se ha convertido en el lugar por excelencia en el que los individuos "naturalmente" construyen su identidad.

En el marco de permanentes crisis de legitimación por las que atraviesa el capitalismo tardío, la escuela –si bien como afirma Gentili no es el único lugar productor y reproductor de las prácticas- desempeña una función primordial. Esto explica el por qué desde la lógica neoliberal se arremete contra la escuela pública, porque a partir de medidas que tienden a producir estrategias culturales la escuela pública es la escuela de las mayorías, y como afirma Getinli "…el neoliberalismo sólo logra imponer sus políticas antidemocráticas en la medida en que logra desintegrar culturalmente la posibilidad misma de existencia de derecho a la educación y de un aparato institucional tendiente a garantizar la concretización de tal derecho…"

Pero no solamente la educación primaria y media están padeciendo los avatares –de los que aún no se sabe si podrán recuperarse- de la política implementada por el gobierno nacional, la universidad que intentaba reconstruirse (luego de las heridas de envergadura que le dejara la persecución ideológica y simbólica del gobierno de facto de fines de los ’70 y principios de los ’80) en el marco de los principios de la Reforma Universitaria es hoy uno de los puntos clave afectados por la reconversión económica, social y política neoconservadora.

Desde el ’89, aproximadamente, las políticas universitarias son víctima de las medidas adoptadas por el Poder Ejecutivo Nacional (PEN) en su afán de reconvertir las relaciones entre Estado y sociedad. Por medio de la legislación y la asignación de recursos financieros (presupuesto) desde la cúpula del poder económico y político se mueven los hilos de la regulación y reorganización de la universidad de acuerdo a las demandas del modelo neoconservador. Al igual que como ocurrió durante el último proceso militar, hoy la universidad (y la educación en general) es vaciada –por otros métodos quizás menos obvios pero no menos violentos- de contenidos y recursos humanos. Como sostienen Susana Vior y Norma Paviglianiti "…a partir de julio de 1989 –período en el que se enmarca el discurso que analizaremos páginas mediante- se acentúa la escasez de recursos por la disminución de las partidas del tesoro nacional que se giran a las UN, y comienza a propiciarse, desde el Ministerio de Educación y Justicia, el arancelamiento de los estudios de grado y otras medidas de ajuste financiero." . La educación universitaria queda atrapada así, en medio de un "cuello de botella" económico, en la disputa de los agentes hegemónicos por una "calidad para pocos" y una tendencia –ya casi irrefrenable- que intenta aunar los fines y objetivos de la educación con los del mercado (competencia y exclusión). La educación comienza a ser presentada como un producto más del mercado de bienes –simbólicos y materiales- al que sólo tienen acceso aquellos grupos –sectores ínfimos- de la población con solvencia. En lugar del Estado el Banco Mundial es hoy quien pone e impone normas, medidas, reglas, etc. en materia educativa, y desde ya lo hace selectivamente atendiendo a áreas "prioritarias" (relacionadas preferentemente con la informática y ciencias exactas –como la matemática), áreas vinculadas a los conceptos de eficacia, rentabilidad; en definitiva, áreas que no atentan –por medio de la crítica y la reflexión- contra el status quo.

Atentando contra los pilares de la escuela y universidad pública y restringiendo la posibilidad de acceso a la educación –sobre todo por factores económicos-, el capitalismo tardío vacía de contenido los conceptos de democracia, derecho, justicia e igualdad –los mitifica, diría Roland Barthes- y reduciéndolos a pura forma rompe con la posibilidad de su concretización. Instaura el régimen del privatismo civil, de lo público despolitizado –señalaría Jürgen Habermas-, donde los ciudadanos ya no son ciudadanos sino consumidores que se interesan sólo por los rendimientos fiscales y dejan de participar en el ámbito de las decisiones efectivas que unos pocos toman en su lugar.

Sucede que en el marco de la crisis del fordismo, el capitalismo de fin de siglo ya no necesita únicamente establecer nuevas estrategias económicas (como lo ha hecho desde 1991 reduciendo el gasto público, restringiendo las oportunidades para mejorar la distribución del ingreso y aumentando, por ende, las desigualdes), sociales y políticas sino también culturales. Es en este contexto que hay que situar y comprender el nuevo rol que el Estado empresario otorga a la educación como espacio de "…capacitación, entrenamiento y reconversión de la fuerza de trabajo en las unidades productivas…".

Dualidad y marginalidad son las dos caras de la moneda de la política neoliberal educativa. Pues es en estas dos caras que se apoya "…el desarrollo contemporáneo de las sociedades ‘competitivas’…". Sociedades en las que el Estado apela, tal como lo hizo en el período que va del 76 al 83, al autoritarismo y a las prácticas antidemocráticas, a la represión física y simbólica –sobre todo a esta última, que como expresa Bourdieu en La reproducción, es la que posee un mayor alcance y una mayor sofisticación. De esta manera, el Estado neoliberal a través de la violencia opera como garante de la continuidad de la violencia del mercado. Reducido a la "asistencia social" el Estado argentino renuncia a lo que debería, en términos normativos, ser su deber: garantir "la justicia distributiva del bien educación". La educación se transforma en una mercancía más, en un "tipo específico de propiedad" al que tienen acceso sólo aquellos con capacidad solvente. La educación es ahora sinónimo de "factor generador de ingresos". Tal como se señalaba líneas atrás, cuando se habló de la existencia de déficits de legitimación en el capitalismo tardío, el mercado neoliberal necesita despolitizar (necesita instaurar el régimen del privatismo civil) para poder llevar adelante la resignificación de la educación, así como de otros tantos ámbitos, como mercancía, estrategia merced a la cual mercantiliza a placer y, lo más triste, mercantiliza con consenso. Por ello, como sostiene Gentili, "…debemos diseñar y tratar de llevar a la práctica propuestas políticas que defiendan y amplíen el derecho a una educación pública de calidad. Pero también debemos crear nuevas condiciones culturales sobre las cuales tales propuestas cobren materialidad y sentido para los excluídos que, en nuestras sociedades, son casi todos…" .

 

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