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Tradición oral y Cuentos: influencia anglo-germana
Paco Cid Jiménez, Sonia B. García Romero y Eva Mª Maroto Fernández

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ANEXO 3: ALGUNOS DETALLES DE AUTORES Y OBRAS

En esta parte exponemos algunos aspectos de autores que consideramos relevantes en el tema que hemos tratado, junto a algunos comentarios de obras de especial importancia. En el anexo anterior hemos desarrollado con una cierta extensión la vida y obra de los hermanos Grimm; en esta parte quisiéramos hacer algo más breve con autores como: E.T.A. Hoffmann y su obra El cascanueces y el Rey de los ratones, Hans Christian Andersen, Lewis Carroll y Alicia en el país de las maravillas, James Mathew Barrie y Peter Pan, terminando con un autor de nuestro siglo: Michael Ende.

 

Ernst Theodor Amadeus Hoffmann (1776-1822).

Más conocido como E.T.A. Hoffmann, nace en Königsberg, Prusia Oriental. Escritor y compositor alemán, jurista de profesión pero no de vocación. Su padre era abogado, lo cual influiría en el hecho de que acogiera esta profesión, estudiando Derecho en la Universidad de su ciudad natal. No ejercería durante mucho tiempo, decantándose por la pintura, la crítica musical y la composición.

Es curioso cómo su admiración por Mozart le llevaría a cambiar su tercer nombre, Wilhelm, por el de Amadeus.

Durante su vida pasaría numerosas penurias económicas, muchas veces motivado por su peculiar forma de vida. Su afición a la bebida, junto a lo azaroso de su vida, le llevaría a morir prematuramente en 1822.

Pero, podemos ver en Hoffmann, ante todo, un escritor, por muchos considerado una de las máximas figuras del romanticismo alemán. Sus novelas y narraciones son de carácter romántico, combinando la realidad con la fantasía, con un poderoso realismo psicológico, "presentándonos un mundo en que los objetos se metamorfosean en personas y éstas en objetos" (Diccionario de Literatura Universal, 1985).

Influye en escritores como Baudelaire e, incluso, en obras como Un paseo desde el canal de Holmen a la punta Este de la isla de Amagen en los años 1828 y 1829 (primer éxito de Hans Christian Andersen, quien escribió una obra fantástica a imitación del estilo de Hoffmann).

Hoffmann recibirían influencia de Rousseau, Schiller, o de obras como El astrólogo de Walter Scott, que leería en su madurez y donde echaría en falta la brillantez y el humor de Swift o de Sterne. Otras influencias podemos verla en Mozart e, incluso, la admiración que sintiera por Durero o Cervantes.

En la obra de Hoffmann queremos destacar su Cascanueces y el Rey de los ratones, donde ya puede vislumbrarse el preludio de lo que pasaría a denominarse ‘nonsense’, estilo éste que tendría su apogeo y penetración en Inglaterra. A modo esquemático, quisiéramos exponer algunos detalles de esta obra:

 

Hans Christian Andersen (1805–1875).

Nació en Odensee (Dinamarca). Sus cuentos infantiles son relatos folclóricos reelaborados, o relatos biográficos.

Aunque en 1822 publicó poesía y obras de teatro, su primer éxito fue Un paseo desde el canal de Holmen a la punta de Este de la isla de Amager en los años 1828 y 1829, un relato fantástico, imitando el estilo de escritor alemán E.T.A.Hoffmann.

Su primera novela, El improvisador, fue muy bien acogida por la crítica. Andersen recorrió África, Asia y Europa, y escribió muchas obras de teatro, novelas y libros de viaje.

Pero han sido sus más de 150 libros infantiles lo que le han dado fama mundial como uno de sus mejores autores.

Una de las innovaciones que contribuyeron a su éxito fue el uso de un lenguaje cotidiano, dando salida a las expresiones de los sentimientos e ideas que hasta entonces se habían supuesto como lejos de la comprensión de un niño.

Entre sus obras destacamos una colección de Cuentos para niños, que tuvo tanto éxito que le siguieron otras colecciones, casi anualmente.

Entre sus cuentos más conocidos, destacan La pequeña vendedora de fósforos, La reina de las nieves, La sirenita, El sastrecillo valiente, Las zapatillas rojas, El soldadito de plomo, Los trajes nuevos, La princesa del guisante"El emperador y El patito feo.

El patito feo, al contrario de lo que se suele creer, no es un cuento tradicional en el sentido de tradición oral, sino que se trata de una autobiografía romántica. En él recuerda su propia infancia en una familia humilde -de la que huyó a los 14 años para establecerse en Copenhague. Y, más tarde, el trabajo en una fábrica que nunca llegó a gustarle. Finalmente, su éxito como autor de cuentos de reconocido prestigio.

En este cuento, Andersen quiere expresar la tristeza y el dolor que causan la incomprensión hacia algunas personas que son consideradas diferentes, y transmite un mensaje de esperanza para todos los que se sienten incomprendidos o marginados, como un día se sintió él mismo. En esta pequeña obra también trata de temas como la importancia de la amistad y el amor a la Naturaleza.

Con sus cuentos, Andersen revaloriza el folclore danés. Escribe con el estilo del cuentacuentos, siguiendo la tradición oral, con relatos para niños, en los que se mezclan la bondad y la maldad, la realidad y la fantasía. Como Andersen llegara a afirmar: ‘la realidad es el más bello de los cuentos’.

Sus libros han sido traducidos a más de 80 idiomas y se han adaptado a obras de teatro, ballets, películas y obras de escultura y pintura.

 

Lewis Carroll (1832–1898).

Nació en Daresbury (Inglaterra). Lewis Carroll es el seudónimo de Charles Ludwig Dodgson. Estudió y trabajó en Oxford como profesor de matemáticas. Fue autor de varios tratados matemáticos, entre los que destaca Euclides y sus rivales modernos. Carroll también se ordenó como clérigo, aunque rara vez ejerció como tal.

En su juventud, Carroll creó una revista infantil, ‘Misch-Masch’, para sus diez hermanos menores, llena de disparates, a menudo incomprensibles, pero que divertían a toda la familia. En sus tiempos de estudiante universitario, se dedicó a enviar trabajos cómicos a periódicos humorísticos.

Se cuenta que el escritor sufrió siempre de insomnio, y supo sacarle provecho a estas horas de vela, inventándose un dispositivo que le posibilitaba escribir en la cama, y que él llamaría ‘nictógrafo’.

Precisamente por su carácter tímido disfrutaba tanto con la compañía de los niños, a los que escribió miles de cartas, que fueron recopiladas y publicadas con el título de Cartas de Lewis Carroll, en dos volúmenes en 1979.

Pero la obra que le hizo famoso fue Alicia en el País de las maravillas, que publicó con su seudónimo en 1865. Fue este cuento el que tuvo tal importancia en la historia literaria de Inglaterra que algún historiador, como E. Muir, separa la literatura inglesa en dos periodos muy diferentes entre sí: el de antes de Alicia y el de después de Alicia.

En la introducción, él mismo cuenta cómo, en un paseo en barca con las tres hijas del decano de Christchurch, le dedicó un cuento a Alicia, la más pequeña, que le animó a ponerlo por escrito.

En la primera edición de la obra, fue el propio Carroll quien ilustró la historia de Alicia. Más tarde escribiría la continuación de esta obra en A través del espejo y lo que Alicia encontró allí (1872).

Los dos cuentos fueron entonces ilustrados por Sir John Tenniel, y sus ilustraciones son consideradas hoy como inseparables de Alicia, permaneciendo como una parte más, definidora del mismo clásico.

Alicia, y con ella los otros niños, pide lo que los mayores llaman disparates, aventuras que les hagan disfrutar, y que presentan las cosas no como son, sino como ellos querrían que fuesen.

El cuento de Carroll coincide con los de hadas en las continuas transformaciones que se consiguen por medio de la magia, pero en la obra de Carroll no son las hadas las que tienen poderes especiales, sino las comidas, bebidas y otros objetos con propiedades misteriosas que hacen crecer o disminuir a la niña. De esta manera es la propia Alicia la que entra por sí misma en lugares fantásticos, donde puede jugar con animales y seres diferentes no imaginados hasta entonces por ella.

La gran contribución de los británicos a la literatura infantil es el ‘nonsense’, y Alicia significa el ejemplo más grandioso de este tipo de literatura.

 

James Mathew Barrie (1860 – 1937).

Nace en Kirriemuir (Escocia), y estudia en las universidades de Oxford y Cambridge. En 1883 trabajó por primera vez como periodista en el ‘Journal’ de Nottingham, usando el seudónimo de David Ogilvy. Fue profesor en las universidades de San Andrés y Edimburgo. Escribió novelas y obras de teatro, destacando por sus escritos en la conocida ‘London Gazette’.

En 1885 se fue a vivir a Londres. Educado en un país en el que el ‘nonsense’ tiene una larga tradición, su obra más conocida es Peter Pan y Wendy (1911), con la que obtuvo su mayor éxito.

En esta obra conecta directamente con la tradición fantástica e irreal que el ‘nonsense’ venía marcando. Siguiendo con la tendencia fantástica de la litera-tura infantil, trata sus dos temas favoritos: la conservación de la inocencia de los niños, y lo que él consideraba el instinto femenino de la maternidad.

Después de haber estudiado psicología infantil, Barrie quiso reunir en Peter Pan todos los temas de la literatura que atraen al público infantil, y redactó un argumento en el que se desarrollaban las diversas facetas de la imaginación creadora de los niños, acomodándose al proceso evolutivo característico de la infancia.

Por ejemplo, la primera etapa de esa evolución está sintetizada en el pasaje de la primera conversación entre Peter Pan y Wendy:

"- Has de saber, Wendy, que cuando el primer niño que nació se rió por primera vez, su risa se rompió en mil pedazos que empezaron a saltar y a brincar por todas partes. Y éste fue el origen de las hadas...

Y así – continuó Peter con bondad – debía haber un hada para cada niño y para cada niña.

- ¿Y dices que debía haberla? ¿Pues por qué? ¿Por ventura, actualmente no la hay?

- No, como los niños de ahora quieren ser tan sabios, dejan en seguida de creer en las hadas y cada vez que un niño dice ‘yo no creo en las hadas’, cae muerta una de ellas".

Peter Pan, el niño que nunca quiso crecer, vivía en un mundo irreal, imaginario: el mundo de ‘Nunca Jamás’, en el que sólo los más pequeños e inocentes tendrán acceso a este disparatado País, en el que cada uno vive su propia fantasía, donde los adultos no tienen cabida: donde no pueden manipular con su ‘razón’ y ‘perfección’ a los niños.

 

Michael Ende (1929–1995).

Escritor alemán, de tendencia fantástica. Durante sus estudios alternó la escritura con el teatro. En 1961 recibió el premio al mejor libro infantil publicado en Alemania, por Jim Botón y Lucas el Maquinista.

Pero las obras que le han hecho internacionalmente conocido son Momo y La historia interminable.

En sus creaciones, Ende refleja la soledad que padecen los niños de la era consumista, un concepto diferente del espacio y del tiempo, la riqueza literaria del miedo.

Sus protagonistas son niños-héroes acostumbrados a sobrellevar la soledad por medio de la fantasía. Tras la guerra se derrumba la estructura familiar tradicional en Alemania; los alemanes pretenden olvidar el horror vivido dedicándose al consumo y la diversión. De ahí que Ende, a lo largo de toda su obra, mitificara a los miembros más pequeños de las familias alemanas, muchas de ellas familias de hijo único.

A partir de los años 60, la soledad en que se veían los niños alemanes (recordemos los ‘niños de las llaves’, quienes pasaban la mayor parte del tiempo solos, con unos padres que trabajaban todo el día), sería ‘aprovechado’ por Ende para suplir esta soledad con la fantasía. Momo, Lena o Bastián son niños que han asumido la condición de la infancia solitaria.

El realismo en esa época se imponía en la literatura infantil, así que los libros fueron considerados por algunos críticos como ‘inadecuados’ para la infancia. Sin embargo, los pequeños lectores de Ende demandaban sus libros, pues en ellos podían dar rienda suelta a su imaginación. El simple hecho de girar sus páginas se convierte en una fórmula mágica para traspasar fronteras.

En la Historia interminable, es la propia Fantasía la que se encuentra en peligro, y necesita de la imaginación de un niño para salvarse.

Por otro lado, en los libros de Ende la eternidad es una realidad, como lo es para los niños, quienes no son conscientes del pasar del tiempo, y que viven en una sucesión de presentes, en la que lo importante siempre es el ahora. Es la propuesta de fondo en Momo, el volver a la vida en la que el concepto de ‘tiempo’ que todos conocemos no existe y no pasa para el protagonista, pues los que pasamos somos nosotros.

Los protagonistas de Ende viven en espacios creados artificialmente, unas veces reflejan el desastre, otras los muestran como algo natural. Momo, por ejemplo, vive en un anfiteatro abandonado, una ruina de la cultura del hombre.

Otros libros de Ende son Tragasueños, El espejo en el espejo, El dragón y la mariposa y, por último, Jojo: historia de un saltinbanqui (teatro).

 

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